Bedelía

Más de una vez he escuchado a profesores decir que, además del alumno, el docente aprende también –y mucho– en clase. No es que lo discuta, pero esa idea siempre me sonó un poco… irrestrictamente elogiosa para con el alumnado (para decirlo de manera complicada).
Claro que siempre lo había mirado desde el punto de vista del alumno. Ahora que he pasado la barrera de las ocho clases –de una materia coprogramática sabatina de una hora semanal– frente a –en promedio, ocho– alumnos de octavo año, podría atreverme a decir que tengo una somera experiencia docente. Igual no lo voy a hacer; todavía no me atrevo.
Pero sí tengo que empezar a creer en aquello que le escuchaba decir a los profesores, pues ya he aprendido algo desde que estoy de espaldas al pizarrón. Aprendí la palabra bedelía.

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