Mirador mirado

Mirarse al espejo, por más cotidiano que sea, no deja de ser revelador. Verse en una foto, contemplarse en un video, escuchar la propia voz grabada… son desafíos a la imagen que uno tiene de sí mismo. La supuesta objetividad de las máquinas nos suele hacer replantear nuestra autoimagen, casi siempre a regañadientes.

Uno, que ya lleva sus años haciendo caricaturas –varias veces en vivo, es decir, estando presente el caricaturizado–, sabe que el retrato nunca deja de provocar una reacción en el retratado. Y éste, que por una vez se sabe objeto de la mirada subjetiva de una persona y no la objetiva de un aparato, aprovecha la oportunidad de cuestionar esa subjetividad. O sea: “¡al cuerno los regañadientes!” (como mucho, puede callarse la opinión, pero de ninguna manera evitarla).

En otras palabras: uno está acostumbrado a recibir siempre la respuesta del caricaturizado. Y, de tanto estar de este lado, le entran ganas de pasarse al otro y experimentar eso de ser el objeto de una mirada ajena puesta sobre un papel.

O, para hacerla más corta, me gusta ver cómo me dibujan.

Como regalo de cumpleaños (de su cumpleaños), la Mariana Baizán me mandó este retratito que se publicó en la última revista Zero, el especial del décimo aniversario. Aparezco junto con otros dibujantes colaboradores de la revista.

Gracias, Lady Marian.

Andrés Llugany, Gabriel Bobillo, Pablo Pavezka y Juan Pablo Camarda

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