Viaje al campo

Vivo en un barrio. Un barrio como cualquier otro, más cerca del centro que muchos y más lejos que otros tantos. Pero este barrio tiene una particularidad: está cerca del campo. En realidad está pegado a una zona industrial, pero se ve que antes era más bien una zona rural o semi-rural que fue siendo invadida (hasta reducirse a sólo una o dos fincas de olivos) por la industria pesada, los camionazos, los galpones, los ruidos, el olor a combustible y hierro. Y, más recientemente, también por barrios. La cosa es que, si uno sale de mi muy urbano barrio en determinada dirección, agarra por una calle con monoblocks y árboles grandes y añosos (¿carolinos?) que pronto se convierte en un antiguo carril donde aparecen evidencias de la zona industrial que, casi sin uno darse cuenta, dan paso a otra cosa: al campo. Todo en no más de seis cuadras.

Hoy se acabó la comida del gato y mi esposa me pidió que comprara un huevo. No hace falta pasar de los monoblocks para conseguir eso, pero ¿para qué comprar un solo huevo caro si, caminando un poco más, se puede conseguir un maple entero a buen precio?

El carril de ripio tan desnivelado, con tantos pozos, lomas, mesetas, agua estancada, como un río de montaña en miniatura. Las acequias de barro, los álamos, las veredas de tierra, con parches de chipica, con zanjas de desagües o de obras de algún entubamiento, altas y escarpadas a veces, o inexistentes otras, algún grupo no muy homogéneo de baldosas. Los árboles, grandes, nudosos, diversos: sauces, álamos, olivos, ni un solo paraíso. Las casas, antiguas unas, inconclusas otras. Los cierres: alambrados, verjas, palos, ligustros u otras plantas, paredes de ladrillos o adobes más altas o más bajas… o diferentes combinaciones de lo enumerado. Los postes de luz o de bajada de electricidad para obra, de madera, de hierro, de cemento. Los perros, vigilando sus dominios, ladrándole tras los alambres a otro que viene por la calle oliéndome. Una bicicleta ruidosa que pasa, hasta una persona que me mira pasar, y yo que, intimidado, saludo… Todo el entorno hace que uno, con la bolsita de nylon llena de alimento para gatos en una mano y un maple vacío en la otra, se sienta todo un forastero a pocos pasos de casa.

El perro que me viene siguiendo, cuando llego a la finca a comprar los huevos, se mete por abajo de la tranquera para hacer migas con los del lugar: un ovejero, un dogo o algo así muy grande y oscuro, algún cuzquito… y se convierte en el tema de conversación de la dueña y una pareja de clientes, que vienen saliendo, los pies polvorientos. «Qué boniiito» dice la clienta. «Ay, otro más. Qué voy a hacer con tantos perros» dice la dueña. Y ahí nomás «Quédeselooo» y «Ahí atrás tengo uno con siete cachorritos» y «Mire qué bonitos los ojiiitos» y ahí caí en la cuenta de los ojos celestes, grises… tan claros del animal. La pareja de clientes —él callado y ella meta «Qué boniiito» y «Quédeselooo»— se subía a un Regatta con el espejado de los vidrios medio despegado. Supuse que ese tratamiento fue idea de un hijo fierrero, porque la pareja era gente grande… y de campo. O eso pensaba yo —con el maple, la bolsa y la mirada fija del que observa absorto sin notar que tal vez se está poniendo en evidencia— al sentir la parsimonia, la forma de hablar arrastrando bien las erres (casi eses), las maneras amables.

Compré los huevos y pegué la vuelta. No sé qué fue del perro, pero yo desandé mis pasos y, cuando la polvareda volvió al piso, yo ya estaba en la ciudad.

Anuncios

4 pensamientos en “Viaje al campo

  1. Ehhh!! dejá algo para los demás. Dibujás impresionante, escribís de maravilla ¡Y encima le hacés los mandados a tu esposa!!!!

    En serio , me encantó tu relato. Sin duda, te corre talento pro las venas.

  2. A los 3 años me fui a vivir a unos pasos de donde creo es tu casa.
    Sobre el carril Sarmiento, hay un barrio que de llama “jardín Luzuriaga” en frente había una bodega.
    Yo recuerdo en lo que describís algo como esa felicidad de vivir en el campo, es más a esa edad, era campo. Y sobre la nada, un par de casas.
    Yo sentia felicidad, como vos, comprando huevos para la Nati y alimento para tu gatita.
    Re lindo lo que escribiste!.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s